Fortaleciendo el tejido empresarial gallego

Hace unos días tuve la oportunidad de asistir al VII Congreso de la Asociación Española de Business Angel (AEBAN), celebrado por primera vez en Galicia.

Galicia, tierra de emprendedores, cuenta con un ecosistema en expansión, y foros como este permiten establecer lazos entre los agentes del sistema que lo enriquezcan. Representantes nacionales e internacionales del sector asistieron a interesantes ponencias en las que se habló de temas tan actuales como las últimas tendencias del medio en EEUU y Europa, o el impulso que la Comisión Europea quiere dar al Venture capital a través de programas creados para tal fin.

Queda mucho por andar, pero estamos en el buen camino… El gallego no le tiene miedo a emprender y el talento existe. Si a esto le sumamos el interés de entes públicos, y cada vez un mayor número de privados, en trabajar por fortalecer el ecosistema, no podemos más que augurar un futuro prometedor. 

La inversión en proyectos empresariales innovadores impulsada por Business Angels, que apoyan a los emprendedores en las fases iniciales del ciclo de vida de estos, continua en aumento, ayudando a la creación de nuevas empresas a las que en una fase posterior el Venture Capital toma el relevo.

Galicia se encuentra entre las comunidades autónomas con mayor número de inversiones contabilizadas, ocupando también posiciones importantes tanto en los rankings de inversión en capital riesgo como en cifra de operaciones. Continuar fortaleciendo el ecosistema emprendedor gallego desde lo público y lo privado, aunando esfuerzos, es fundamental para conseguir un tejido empresarial aún más potente.

En un artículo reciente, Lionel Assant, responsable de capital riesgo de Blackstone para Europa, explicaba: “Hemos sido firmes partidarios de la economía española en los últimos 15 años, hemos invertido en diferentes sectores, y seguiremos estudiando inversiones en el país, ya que creemos que el margen de recuperación de la economía española es aún alto”.

Hagamos el camino juntos, y en fases posteriores seguirá existiendo el apoyo nacional e internacional si trabajamos en establecer unas bases sólidas.

Marta Baltar

Bamboo Venture Capital

La curiosidad empujó a Alonso Quijano a leer

Ha caído en mis manos un ejemplar de Don Quijote de la Mancha en edición de Alfaguara del año 2005 con prólogo escrito por el Nobel portugués José Saramago, del que destaco el siguiente fragmento:

 

"La curiosidad empujó a Alonso Quijano a leer, la lectura le hizo imaginar, y ahora, libre de las ataduras de la costumbre y de la rutina, ya puede recorrer los caminos del mundo, comenzando por estas planicies de La Mancha, porque la aventura, bueno es que se sepa, no elige lugares ni tiempos, por más prosaicos y banales que sean o parezcan"

 

La monumental obra de Miguel de Cervantes pareciera una factoría de interesantes referencias a la comunicación, los desafíos, la responsabilidad, la dirección de equipos y, por supuesto, al liderazgo. Por ello, aunque escrita hace más de 400 años, es única para explicar innumerables situaciones de la vida de nuestro siglo XXI, ya sea en el ámbito profesional o en el estrictamente personal. El aporte de un maestro como Saramago añade, si cabe, aún mayor riqueza a ese universo de enseñanzas que es El Quijote. En un párrafo tan breve como el anterior Saramago mezcla lectura, aventura, lugares y tiempos de forma fascinante. También habla de la costumbre y la rutina, las cuales pueden ser buenas compañeras siempre y cuando no se conviertan en sogas que nos atan con cómoda firmeza a una zona de confort. 
En mi caso, la rutina de tomarme un café antes de comenzar a correr ni puedo ni quiero cambiarla. Sin embargo se debe reconocer que, lejos de la rutina que consideremos "beneficiosa", la capacidad de emprender aventuras más allá de lo conocido (costumbre/rutina) es básica en la articulación de lo que Silvia Leal denomina la creación de un ecosistema de innovación en la empresa.

La pasión y las emociones de Don Quijote, alentadas por la lectura, lo convierten en un loco para muchos. Pero sin duda es pura emocionalidad lo que transmite. El Nobel Daniel Kahneman explica que el ser humano genera unas 22.000 emociones al día. Por tanto el inconveniente no es que no existen emociones. ¡Existen y muchas! Sin embargo, precisamente por no ser calificados de "Quijotes", muchos se abstienen de compartir sus sueños y sus ideas con los demás. Es ahí donde disponer de un adecuado ecosistema/cultura en la empresa se torna como esencial. En mis presentaciones utilizo un fragmento de una entrevista hecha a Steve Jobs poco antes de fallecer. En ella decía que no puedes contratar a personas extraordinarias si luego no les dejas decirte lo que piensan. Si quiere entonces una organización extraordinaria busque a personas extraordinarias (hay, y muchas) y asegúrese de crear el adecuado ambiente para que desarrollen con toda la fuerza su "quijotismo". Sin duda, una vez más destaco la importancia de la cultura en la empresa.

Es cierto que se necesita una sólida intención de desafío, una gran constancia en la curiosidad y una suerte de insatisfacción permanente y positiva para abandonar la rutina. En todo caso, ¿es posible combinar algunas rutinas saludables con el espíritu de aventura del que nos habla el Doctor Mario Alonso Puig en "Vivir es un asunto urgente"? Definitivamente si es posible. Como casi todo en esta vida, es posible siempre y cuando nos lo planteemos con la convicción y la pasión necesarias. La paleta de colores de la que disponemos en el desarrollo del liderazgo es tan, pero tan amplia, que no tiene mucho sentido determinar que un sólo color debe regir nuestros destinos. De cada uno de nosotros depende que ello no sea así. El Doctor Alonso nos habla de algo tan interesante como que el estrés es uno de los mecanismos que en la historia ha permitido al ser humano estar alerta ante los peligros que le acechaban y en consecuencia sobrevivir a los enemigos. Hoy en día no vivimos en un hábitat como en el que ese instinto de supervivencia era determinante, sin embargo, pareciera que vivimos en otro tipo de entorno hostil, en forma de empresa, en la que los enemigos han dejado de ser peligrosos carnívoros para convertirse en susceptibles jueces de "cómo las cosas se deben hacer". Cultura, cultura y más cultura.
 

¿Es razonable ese estrés empresarial que lleva a los profesionales a protegerse en lugar de a pisar terrenos desconocidos? La consultora Koerentia realizó una encuesta entre los años 2010 al 2012 en España. Los encuestados fueron 3.876 colaboradores de 371 empresas y el 75% de los mismos confesó que trabajaban con resignación e indiferencia. La mayoría reconoció que estaban en la empresa "de cuerpo presente, pero de mente y corazón ausentes". Eso, como explica Borja Vilaseca autor del libro Que harías si no tuvieras miedo, se debe quizás a que "muchos directivos apenas tienen tiempo de pensar en el estado emocional de sus propias empresas"

El "nosotros somos así" es una plataforma maravillosa que para algunos posee la misma belleza de las plantas carnívoras que se encuentran en la cima del Auyantepui. Por supuesto, se trata de una belleza con letra pequeña que sirve apenas para quedarse aislados con todo el grupo que configure ese "nosotros". Usted puede observar a su alrededor y verificar que hay una multitud que se empeña en no ver las emociones o, en todo caso, verlas pero no asignarles importancia. Un grande como Nelson Mandela trabajaba con mucha inteligencia sobre las emociones. En La sonrisa de Mandela de John Carlin, se comenta como, ya Presidente, saludaba a todos los empleados de la casa de gobierno cada día en la mañana preocupándose por ellos en forma personal. En definitiva, tenía en cuenta sus emociones con resultados evidentes.

¿Funciona considerar las emociones? No sólo funciona, sino que ya forma parte de una nueva forma de entender la gerencia que, cada vez más, se concilia con la manera en la que podemos entender nuestra propia vida personal. En ese sentido le propongo que, como el ingenioso hidalgo Alonso Quijano hacía, deje fluir sus emociones y asalte con ambición algunas de sus rutinas para emprender sorprendentes aventuras que, quien sabe, quizás sólo estén a pocos metros de su espacio conocido.

 

Raúl Baltar

Bamboo Venture Capital

Convivir con incertidumbres

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Hace muy pocos días tuve la oportunidad de leer sendas entrevistas a cuatro premiados con el Nobel de Economía entre los años 2007 y 2016. El objetivo de las mismas era escrutar su visión acerca de los grandes retos que, en el ámbito económico, la humanidad deberá afrontar en los próximos lustros.

Empezaré por el final diciendo que, como tónica general, la visión compartida es básicamente negativa. Cierto que ni siquiera ellos disponen de “una bola de cristal, por más que los políticos les pidan respuestas” (Lars P. Hansen. EE.UU 1952), pero la dinámica de las cosas y la evolución de la actividad humana dibuja un panorama incierto e inquietante.

Todos ellos hacen referencia a problemas fáciles de intuir y que, sin necesidad de ser un especialista, cualquier persona informada puede tener conciencia de ello. Una creciente consolidación de la desigualdad y la pobreza, la existencia de comportamientos y actividades económicas con gran impacto en el clima, diversos populismos florecientes a la sombra de salarios que apenas permiten la subsistencia, una insólita escalada en el desafío de la potencial utilización de armamento nuclear,…… son algunas de las mayores incógnitas a las que nos enfrentamos a estas alturas del siglo XXI.
Pero ha habido algo en la lectura de sus previsiones que me ha dejado fuertemente impactado. Ello ha tenido que ver con la afirmación de que “grandes sectores de la población no van a tener un empleo nunca más”. (Oliver Hart. Londres 1948).

¿Riesgos de la automatización?. Por supuesto. Quizá vayamos camino de una nueva Revolución Industrial en la que su resultado final haga más ricos (por productivos) a los países que mejor la ejecuten, pero pueda crear unas bolsas de pobreza hasta ahora desconocidas; incluso afectando a muchos profesionales cualificados que pueden ser expulsados por las maquinas del mercado laboral. Quizá esta circunstancia dé sentido a la idea de que “la educación deberá enseñarnos a desvincular nuestros trabajos de nuestras identidades”. (Erik Maskin. New York 1950). Quizá veamos profesiones hoy poco valoradas que adquieran un extraordinario valor fruto de los cambios demográficos y de comportamiento a los que estamos abocados.

 La Historia demuestra que la civilización habitualmente ha encontrado formas (no siempre felices) de reajustar sus desequilibrios y que de algunas de sus crisis más profundas supo salir fortalecida; por más elevado que fuese el precio a pagar. Parece indudable que en un futuro inmediato (si es que ya no está aquí), la actividad laboral justamente remunerada puede ser un bien escaso. De ahí quizá la afirmación de que “vamos camino de la semana laboral de 26 horas” (C. Pisssarides. Chipre 1948).

De momento, y aunque sea en un vano intento de aferrarme al presente, prefiero convivir con la idea de que todo el mundo debe tener el derecho al éxito profesional si estudia y trabaja con determinación. Más aún si cuenta con una buena idea. Sería un gran problema social si prendiera la visión de que las oportunidades de mejora no guardan relación con el talento de las personas, la formación y, sobre todo, con la capacidad del esfuerzo individual y colectivo.
 

Melchor Gurruchaga
Consejero Delegado de Bamboo Venture Capital.